El Agua Cercada

Afamada Revista de Literatura Heteróclita

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Nombre: Tony

martes, agosto 10, 2010


Cosas Nuevas

(Día Nueve)

De Loreto salí a media mañana. No había querido desvelarme, pero lo hice. Duré hasta algo tarde en la computadora y aunque no era ni la medianoche cuando la apagué, terminé durmiendome casi a las tres. Desperté a las seis, vi el reloj y volví a dormir. Luego ya eran las nueve y sobre las diez estaba dejando el cuarto.

Hacia el sur la carretera encuentra una zona de muchas curvas. Va por un lado de la costa, luego se interna por un cañón y sube por un flanco hasta lograr una buena altura. Antes de llegar a él tomé un camino que descendía a una pequeña playa. Tenía un manglar en un extremo y una lengüeta de arena en el otro.

Estacioné la motocicleta donde el terreno compacto terminaba y caminando descalzo por la arena me acerqué al agua. Me gustó el sitio, así que instalé la tienda y abrí una botella de Tramonte. Tenía jamón serrano y unos pedazos de pan. Con ellos me preparé un tentenpié.

Quería tener tiempo para pensar y este parecía buen lugar.

Comencé por traer a mi mente el sitio en el que trabajaba casi diez horas diarias de lunes a viernes. El lugar del que era responsable los sábados y domingos, esos días en que se suponía que debería estar descansando. Las imágenes de la ciudad desierta, cuando a mitad de cualquier noche acudía a una emergencia. La ansiedad que pega dentro al ver constantemente amigos y familiares enfermos. El poderlos ayudar en ocasiones... y en otras no.

Y aquí la arena caliente. El sol brillante. El agua fresca del mar. El vino agradable en la garganta.

Oí un ruido atrás de mí. Un perro olfateaba la llanta trasera. Era de color café claro y raza indescriptible. Pero con una mirada triste y un rabo que decía que era amigo o que quería serlo. Le arrojé un pedazo de mi alimento. Diez minutos después estaba echado por un lado.

Recordé un libro que metí a la mochila desde antes de volar a Albuquerque. Busqué la página donde había dejado el separador. Leí lo remarcado en amarillo; Para obtener cosas que nunca has logrado, tendrás que hacer cosas que nunca has hecho. Eso decía.

Me quité la camiseta y en short me metí al agua. El perro dormitaba a la sombra de la tienda. Una aguamala azul-transparente se desplazó a mi alrededor. Me quedé quieto observándola. Cesó sus movimientos. Así se quedó por tres minutos, luego dirigió su cúpula hacia mar abierto y se fué. Salí a los pocos minutos y volví a sentarme donde antes. Dejé que el sol me secara hasta que vi como la sal pintaba de blanco algunas partes de mi piel.

Terminé media botella, volví a poner el corcho sobre el resto. Lo que quedaba del pan y del jamón se lo ofrecí a mi compañero canino. Decidí dormir un rato y entré a la tienda. Con la chamarra de almohada y el alcohol como inductor, no tardé en estar soñando. Y soñé mucho.

Cuando salí el perro se había marchado. Recogí y guardé todo, luego me enfundé mi equipo protector.

Al llegar a lo alto del cañón el clima cambió. Hacía frío y estaba nublado. Así se mantuvo hasta Ciudad Constitución. Luego volvió el calor y llegaba a los treinta y cinco grados cuando entré a La Paz. El Ferry había partido un par de horas antes. Tendría que abordar el del día siguiente. Me hospedé en el Hotel Perla. En una pared tenía una placa metálica de cuando fue inaugurado, hacía mas de cincuenta años.

Esa noche volví a leer el mismo párrafo. No quise encender mi laptop.