
CIENTO SESENTA Y UNO
(Día Cinco)
Había iniciado mi viaje temprano.
Por eso llegué a la frontera sin problemas.
Crucé sin detenerme, el semáforo de la aduana me tocó en verde y encontré a Tijuana en calma.
En el edificio de Simnsa un Volkswagen Bora se detuvo y giró hacia su entrada.
Lo rebasé por su derecha y me dirigí a la salida de Ensenada.
Veinte minutos después ya estaba en la carretera panorámica.
Es bonita, de doble carril y va bordeando el Pacífico.
Suele haber neblina, pero ese día estaba despejado.
Desde San Diego tenía poco más de dos horas, cuando decidí detenerme por gasolina.
Estaba en México y aquí la tienda de servicio era un Oxxo.
Ya no iba a encontrar café frío Starbucks, pero tienen Andatti que me parece muy bueno.
Este lo bebo caliente.
Y en eso estaba, sentado y bebiendo lentamente, cuando vi que se estacionaba frente al ventanal una camioneta vieja.
De ella bajó un tipo alto, delgado, gafas de cristales gruesos y con aire de no saber donde se encontraba.
Empujó la puerta y sin dudarlo un momento se encaminó hacia mí.
De una mochila que pendía de su brazo izquierdo extrajo un objeto y ofreciéndomelo dijo:
-Toma, es un Regulador de Posibilidades... fíjalo en media hora cuando llegues al kilómetro ciento sesenta y uno... aunque me parece que ya lo tengo bloqueado ahí... déjame ver... si, ya está. La probabilidad está al cien por ciento así que no vas a tener pierde. Me lo regresas aquí mismo, ya que lo utilices... te voy a esperar.
Extendí el brazo automáticamente. En cuanto lo tuve en la mano, el individuo salió y se dirigió en su vehículo a una de las bombas de gas.
Examiné el aparato. De diez centímetros de largo, por uno o uno y medio centímetros de ancho, aplanado y de color gris claro. Pesaba algo y me pareció un apuntador laser, de los que se utilizan en las conferencias, pero sin que tuviera ninguna abertura. Tenía un par de marcadores tipo manecillas de reloj y un botón rojo con la señal on-off.
Salí del local con la intención de preguntarle al tipo... pero ya no había camioneta alguna.
Me quedé un rato de pie sin saber que hacer.
Decidí meterlo en uno de mis bolsillos y me subí a la moto.
Delante de mí un automovil blanco subió a la carretera. Una mujer reía en la ventanilla que daba a mi lado.
Había iniciado mi viaje temprano.
Por eso llegué a la frontera sin problemas.
Crucé sin detenerme, el semáforo de la aduana me tocó en verde y encontré a Tijuana en calma.
En el edificio de Simnsa un Volkswagen Bora se detuvo y giró hacia su entrada.
Lo rebasé por su derecha y me dirigí a la salida de Ensenada.
Veinte minutos después ya estaba en la carretera panorámica.
Es bonita, de doble carril y va bordeando el Pacífico.
Suele haber neblina, pero ese día estaba despejado.
Desde San Diego tenía poco más de dos horas, cuando decidí detenerme por gasolina.
Estaba en México y aquí la tienda de servicio era un Oxxo.
Ya no iba a encontrar café frío Starbucks, pero tienen Andatti que me parece muy bueno.
Este lo bebo caliente.
Y en eso estaba, sentado y bebiendo lentamente, cuando vi que se estacionaba frente al ventanal una camioneta vieja.
De ella bajó un tipo alto, delgado, gafas de cristales gruesos y con aire de no saber donde se encontraba.
Empujó la puerta y sin dudarlo un momento se encaminó hacia mí.
De una mochila que pendía de su brazo izquierdo extrajo un objeto y ofreciéndomelo dijo:
-Toma, es un Regulador de Posibilidades... fíjalo en media hora cuando llegues al kilómetro ciento sesenta y uno... aunque me parece que ya lo tengo bloqueado ahí... déjame ver... si, ya está. La probabilidad está al cien por ciento así que no vas a tener pierde. Me lo regresas aquí mismo, ya que lo utilices... te voy a esperar.
Extendí el brazo automáticamente. En cuanto lo tuve en la mano, el individuo salió y se dirigió en su vehículo a una de las bombas de gas.
Examiné el aparato. De diez centímetros de largo, por uno o uno y medio centímetros de ancho, aplanado y de color gris claro. Pesaba algo y me pareció un apuntador laser, de los que se utilizan en las conferencias, pero sin que tuviera ninguna abertura. Tenía un par de marcadores tipo manecillas de reloj y un botón rojo con la señal on-off.
Salí del local con la intención de preguntarle al tipo... pero ya no había camioneta alguna.
Me quedé un rato de pie sin saber que hacer.
Decidí meterlo en uno de mis bolsillos y me subí a la moto.
Delante de mí un automovil blanco subió a la carretera. Una mujer reía en la ventanilla que daba a mi lado.
La verdad es que el suceso me dejó pensando.
No había entendido nada de lo que había dicho y en mi mente solo persistía el kilómetro ciento sesenta y uno.
El tiempo había comenzado a nublarse.
Por aquellos lugares es raro que haga calor y así con nubes llegó el frío.
Mas pronto que tarde apareció la famosa neblina.
Tuve que bajar la velocidad.
No había entendido nada de lo que había dicho y en mi mente solo persistía el kilómetro ciento sesenta y uno.
El tiempo había comenzado a nublarse.
Por aquellos lugares es raro que haga calor y así con nubes llegó el frío.
Mas pronto que tarde apareció la famosa neblina.
Tuve que bajar la velocidad.
Cada vez más.
Aún cuando el velocímetro marcaba apenas los cuarenta kilómetros por hora, no pude evitar pasar rozando el auto que acababa de volcar. La mancha de aceite que estaba por un lado hizo que resbalara y di de frente contra el barandal de contención. Eso impidió que rodara al fondo del barranco. El tiempo se enlenteció mientras oía el crujido de los plásticos de mi moto... y los de mis huesos de la pierna derecha.
No dolió de inmediato. Pero apenas terminé de detenerme la vista se me nubló. Sentí nauseas.
Luego llegaron los lamentos de quienes estaban atrapados en el vehículo. Desde mi posición era una mancha blanca. Quise incorporarme pero el dolor me lo impidió. Escuché el ruido de un transporte grande que se acercaba. A mi lado derecho estaba una lámina doblada. Parecía una de esas señales que hay a lo largo de las carreteras. Me apoyé en ella y nuevamente hice el intento por ponerme de pié. Dolía mucho. El ruido aumentaba. Me pareció soñar, pero al bajar la vista sobre la lámina leí un número. Era el ciento sesenta y uno. No lo pensé dos veces, busqué el artefacto y lo encontré todavía en mi bolsillo. Oprimí el botón rojo...
Aún cuando el velocímetro marcaba apenas los cuarenta kilómetros por hora, no pude evitar pasar rozando el auto que acababa de volcar. La mancha de aceite que estaba por un lado hizo que resbalara y di de frente contra el barandal de contención. Eso impidió que rodara al fondo del barranco. El tiempo se enlenteció mientras oía el crujido de los plásticos de mi moto... y los de mis huesos de la pierna derecha.
No dolió de inmediato. Pero apenas terminé de detenerme la vista se me nubló. Sentí nauseas.
Luego llegaron los lamentos de quienes estaban atrapados en el vehículo. Desde mi posición era una mancha blanca. Quise incorporarme pero el dolor me lo impidió. Escuché el ruido de un transporte grande que se acercaba. A mi lado derecho estaba una lámina doblada. Parecía una de esas señales que hay a lo largo de las carreteras. Me apoyé en ella y nuevamente hice el intento por ponerme de pié. Dolía mucho. El ruido aumentaba. Me pareció soñar, pero al bajar la vista sobre la lámina leí un número. Era el ciento sesenta y uno. No lo pensé dos veces, busqué el artefacto y lo encontré todavía en mi bolsillo. Oprimí el botón rojo...
.....
El vasó térmico con el café andatti estaba humeando sobre la mesa del Oxxo. Permanecí unos segundos viéndolo. Una voz ahora conocida llegó desde detrás mío.
-¿Me lo devuelves?
El aparato Regulador de no sé que cosas estaba en mi mano. Se lo entregué.
-Voy afuera. Tengo que entregárselo a los del auto de la bomba cuatro. Son los que se van a accidentar. Espero que reaccionen tan rápido como tú. Nos vemos. Recuerda que ahora debes modificar tus tiempos para que generes otra posibilidad. Bye.
Se alejó con grandes zancadas. En su manera atropellada, vi como explicaba a una mujer joven lo que tenía que hacer para burlar el destino. Luego subió a su camioneta de color indefinible y arrancó.
Cinco minutos después el auto blanco partió. Alcancé a ver que la mujer reía.
Me levanté y de uno de los refrigeradores tomé un jugo de naranja. Luego desistí de calentar un sandwich de jamón de pavo en el microndas. Continuaba sin hambre.
El vasó térmico con el café andatti estaba humeando sobre la mesa del Oxxo. Permanecí unos segundos viéndolo. Una voz ahora conocida llegó desde detrás mío.
-¿Me lo devuelves?
El aparato Regulador de no sé que cosas estaba en mi mano. Se lo entregué.
-Voy afuera. Tengo que entregárselo a los del auto de la bomba cuatro. Son los que se van a accidentar. Espero que reaccionen tan rápido como tú. Nos vemos. Recuerda que ahora debes modificar tus tiempos para que generes otra posibilidad. Bye.
Se alejó con grandes zancadas. En su manera atropellada, vi como explicaba a una mujer joven lo que tenía que hacer para burlar el destino. Luego subió a su camioneta de color indefinible y arrancó.
Cinco minutos después el auto blanco partió. Alcancé a ver que la mujer reía.
Me levanté y de uno de los refrigeradores tomé un jugo de naranja. Luego desistí de calentar un sandwich de jamón de pavo en el microndas. Continuaba sin hambre.
Terminaba el jugo cuando pasó la primera ambulancia. Los sujetos del auto blanco no habían utilizado el Regulador.
Esa tarde, aún con luz, llegué al Desert Inn de Cataviña. A pesar del ronroneo de la planta generadora dormí bien y soñé casi al amanecer.
Esa tarde, aún con luz, llegué al Desert Inn de Cataviña. A pesar del ronroneo de la planta generadora dormí bien y soñé casi al amanecer.


6 Comments:
Tu crónica me recordó a un cuento que leí hace tiempo y hoy a partir de la lectura de tu post, volvi a leer.Te lo dejo por si te interesa. Es "El Brujo postergado" de Don Juan Manuel - a través de Jorge Luis Borges. http://literatio.blogspot.com/2008/09/jorge-luis-borges-el-brujo-postergado.html
Abrazo
Ya fui y ya lo leí... ¡excelente!
De ahora en adelante cada que alguien quiera que lo instruya, eso voy a hacer.
ya viste la película "Corre lola, corre" trata sobre el tema y está muy buena
Pakok
Si, la pelirroja crea varias posibilidades intentando resolver la bronca del novio. Dicen algunos que la mente crea universos paralelos en cada posibilidad que imagina.
Saludos.
Modificar los tiempos para generar otra posibilidad..."
¡Muy bueno...! Si fuera posible, aún sería mejor :)
Ma ha gustado mucho el día cuatro también. Eso también es generar posibilidades :)
Un abrazo fuerte.
¡Ah, y la radiografía....! Parece imposible que eso no te doliera mucho más...!
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