
Sin hambre
(Día Cuatro)
Me levanté tarde por la desvelada.
Este día no tenía ganas de viajar. Me quedaría a recorrer la zona.
Mi desayuno fue café, un bisquet y algo de fruta.
Tomé mi cámara y desheché la chamarra. Solo me coloqué el casco.
Seguí las indicaciones de la guía gratuita que había tomado en el hotel y fue fácil llegar.
Uno sube por un boulevard que de improviso, se convierte en una pequeña carretera de doble sentido. Asciende y termina bruscamente en una caseta con guardias protegidos con sombreros de esos que llaman de cuatro golpes.
Es barato entrar al parque, solo cinco dólares por todo el día. Pero no me gusta andar guardando papeles, así que a la primera oportunidad arrojé el boleto a la basura.
Entré al mirador-tienda. Aquí siempre hacen negocio de todo.
Desde ahí pude ver la bahía. Ver los aviones de la marina despegando. Helicópteros pasaban cerca de nosotros y mas allá portaviones y navíos de todos tipos.
El Midway estaba atracado en la bahía comercial. En otra ocasión lo había visitado.
Un letrero plastificado con dibujos y fotos permitía identificar lo que veía en el horizonte.
Aguanté una Coca Zero completa y comencé a caminar.
Hasta arriba estaba el faro. Luego bajé a la orilla del mar.
Ahí la encontré.
Sentada, blusa azul claro y lentes oscuros.
Recogido el pelo en una cola pequeña.
Tenía unos binoculares en la mano derecha y un thermo de café en la otra.
Se puso de pie.
Hacía una bonita postal con el mar y las nubes de fondo.
Pensé en tomar una foto y me preparé.
No lo creí probable pero adivinó lo que yo intentaba.
Digo esto porque volteo hacía mí y sonrió.
Pero no se movió.
Por eso tomé la foto.
Y por eso me sentí obligado luego a disculparme;
-Lo siento, no resistí la tentación...
-No se preocupe... al contrario... ¡gracias!
La voz me pareció conocida, pero no dije nada.
-Es bonito el lugar.
-Si. Suelo venir de vez en cuando. Es relajante. Pero nunca lo había visto. Usted es nuevo aquí.
-Si. En realidad voy de paso. Voy a rumbo a la península en un paseo en motocicleta.
-¡Oh!, que interesante... ¿no es cansado?
-Un poco, pero vale la pena.
-Me imagino que si.
Le dije mi nombre y pregunté por el suyo. Me contestó;
-Soy Emerie.
-Antes pensé que su voz me era conocida, pero hasta donde recuerdo es la primera Emerie que conozco.
-Si, también tu voz... ¿puedo tutearte?
-Si claro... y ahora que te has quitado las gafas de sol, también tu rostro me parece familiar.
-Ajá... y yo pensé... cuando te vi llegar... de reojo claro... ¡jajaja!... a ese lo conozco... no sé... por como caminabas y volteabas a ver todo... pensé que me recordabas a alguien.
-Si es curioso. Había oído a otros que les ha pasado así. De repente se encuentran a alguien que parecen conocer de siempre.
-Si. Y además encuentran coincidencias en sus vidas.
-¿Probamos?
-¡Jajaja!... está bien... solo para pasar el tiempo...
-Voy primero. Estudié en una escuela de curas maristas, luego me fui a Guadalajara y ahí hice medicina.
-Ya comenzamos... estudié en escuela de monjas y también terminé medicina. Solo que yo en Monterrey.
-¡Órale!... no creí que fueras médica...
-Y me casé en cuanto terminé y tengo dos hijos.
-También me casé en cuanto terminé... y tengo dos hijas.
-Me gusta los aviones.
-Y los perros.
-Tengo dos.
-Yo solo uno, no tengo espacio para mas... ¿y las motos?
-En el internado tuve una... en ella me movía. Pero después ya no tuve oportunidad. Últimamente una de mis hermanas me decía que compráramos una.
-Yo vengo en una.
-Si, me lo dijiste antes... y traes el casco bajo el brazo... ¡jajaja!
Me había olvidado que lo cargaba.
No nos volvimos a referir al tema de las coincidencias y de la familiaridad.
Comimos juntos en la cafetería del lugar.
El tiempo pasó volando.
Lo que sería un paseo de dos o tres horas, lo fue de un día completo.
Y llegó la hora de irse.
Y sin proponérmelo y sin saber exactamente porqué, a mi mente llegó aquella parte de la poesía que intentaba nunca olvidar;
Que ya acabe
que termine por fin
que no me ame
que me deje ir.
Nos dimos la mano y nos despedimos.
No quise pedirle, ni ella tampoco lo hizo, el teléfono o dirección alguna.
Subió a su auto, apropiadamente negro. Luego volteó a verme sonriendo y partió.
Aspiré hondo y me puse el casco. Algo me molestaba. Me lastimaba.
Esa noche no dormí bien. La cama era excesivamente blanda. El agua de la regadera no ajustaba a la temperatura que yo deseaba. La televisión no ofrecía ningún programa interesante.
Madrugué y empaqué de prisa.
Quería salir. Estar lo mas rápido posible en la carretera.
Recordé que tenía que revisar el casco.
Encontré un arrugado boleto del parque. Escrito con letra muy clara estaba una dirección de correo electrónico.
Ese día no tuve hambre.


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