El Agua Cercada

Afamada Revista de Literatura Heteróclita

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Nombre: Tony

miércoles, febrero 02, 2011


The Times

Para el Director.-
El día de ayer salí algo tarde de mi habitación en un hotel de Croydon con la intención de observar el cambio de guardia en el Palacio de Buckingham. Sin embargo la lluvia, el frío y la noticia temprana del compromiso matrimonial del príncipe me hicieron optar por dirigirme a la Abadía de Westminster.
Aquí quiero señalar el primer punto. El de tantas flores y símbolos en memoria de los soldados caídos que se encuentran en el césped del lado oeste. Tal vez fue el viento lo que deterioró muchos de ellos, pero me gustaría que les dedicaran mas atención.
Paso ahora al segundo. La tarifa de entrada me parece justa. Lo que no, es que no adviertan antes de los lapsos de oración, esos en los que todo el mundo tiene que quedarse paralizado como estatua (ya de por si el interior está lleno de ellas, pues este edificio es realmente el cementerio V.I.P. del país). Esto es especialmente molesto para quienes profesan otras religiones. Como el señor del turbante y edad algo avanzada al que un guardia le llamó la atención, porque en un acto instintivo, se hincó y comenzó a inclinarse repetidamente hasta el suelo.
Pero lo realmente importante, el tercero y punto central de esta carta, es el de comentarle que cierran la puerta y no avisan. Es cierto que se había hecho tarde y que hay un aviso con el horario a un lado de la entrada, pero es demasiado pequeño y apenas se puede leer.
Por eso tuve que pasar la noche encerrado en la Abadía.
Al principio pensé acostarme donde Lord Mountbatten. Al lado izquierdo de Churchill. Pero luego decidí regresarme a donde están los poetas y escritores. Ese fue mi error. Chesterton no paraba de lanzar puyas. Y Russell de hacerlas suyas. Rudyard solo murmuraba; "Es el cuento de nunca acabar". Al final de la madrugada estaba en un sitio mas tranquilo, justo a un lado del pirata Lord Drake. Serían casi las seis de la mañana, pronto comenzaría a clarear, cuando hasta mí llegó David Hume. Me explicó que en realidad él estaba de visita, que tenía su propio mausoleo. Muy bonito. Tipo romano. Luego comenzó con su discurso tan trillado contra la existencia de Dios. Yo tenía sueño, frío y la losa de mármol estaba dura. Y ningún interés de argumentar en un tema en el que los argumentos no valen para nada. Pero él insistía. Inútilmente lo mandé a discutir con Chesterton. Supongo que lo conocía bien. Al final lo único que lo aplacó un poco fue el mencionarle a Zubiri. No sabía de él y de su Inteligencia Sentiente. Eso lo calló por un rato. Luego siguió su parloteo.
Señor Director, lo cierto es que todo esto es solamente algo anecdótico. Lo verdaderamente importante fue lo que al final dijo; "Bien, duerme mortal, porque solamente te queda eso, dormir eternamente. Creen que están vivos porque respiran. Y que nosotros estamos muertos porque no lo hacemos. Pero son ustedes los que ya no viven y somos nosotros los que viviremos por siempre".
Eso si me despertó. Me hizo reflexionar. En la mañana, una vez abierta la puerta y degustado un desayuno caliente en el segundo piso del Restaurante "The Wellington" (¡exquisito!, se lo recomiendo), decidí hacer algo al respecto.
Y por eso le hago esta petición: Anexo a esta carta le envío un pequeño libro con unos cuentos que escribí después de un viaje en motocicleta por el sur de los Estados Unidos y el norte de México. Quisiera que los publicaran, uno semanalmente (pudiera ser en el suplemento dominical) y ver si de esa manera logro hacerme famoso y vivir para siempre.
Atentamente.
Tony