El Polaco
No recuerdo el nombre de la estación del "tubo".
Lo que si recuerdo es que al salir a la calle, tenía que caminar en sentido contrario a las escaleras.
Y el frío.
Y la llovizna.
Y la gente caminando de prisa.
En dos minutos tropecé con una de las paredes laterales del edificio.
Entré por una de las puertas del lado derecho.
Había pocos turistas a pesar de ser domingo.
En el centro, donde se encuentra la cúpula, iniciaba el servicio religioso.
Inmediatamente regresaron a mi mente las campanadas que oí cuando subía las escaleras del pórtico.
Me acerqué y una de las dos damas que cuidaban me preguntó que si era cristiano.
-"Católico", contesté.
Me senté en la segunda fila, siempre a la derecha.
El oficiante no era oficiante sino oficianta.
Creí al principio que ayudaba, pero no.
Ella conducía la misa.
Me gustó la voz y la determinación con que lo hacía.
Sin titubeos y concentrada.
Parecía que danzaba.
La agradable música de un órgano acompañaba el acto.
Y por detrás del altar subía un humo azulado de olor característico.
El espacio era inmenso y por la hora los colores del entorno aparecían brumosos.
Era una construcción imponente y hermosa.
San Pablo está en el centro de Londres y sin embargo no se oía ningún ruido del exterior.
Al terminar quería atravesar la calle y retirarme lo suficiente, para tratar de imaginar aquella foto memorable, en la que aparecía rodeada de llamas durante los bombardeos de la segunda guerra.
Nos dimos la paz y solo hasta entonces me di cuenta de mi vecino.
No entendí que idioma usó, pero si la intención.
El apretón de manos fue firme.
Su sonrisa era la de siempre, carismática.
Tenía menos pelo del que recordaba, aunque igual de blanco.
Y estaba mas encorvado.
La vez que lo vi en Phoenix no pude apreciar el prognatismo. Ahora al verlo de perfil me llamó la atención. Nada del otro mundo.
El reconocerlo hizo que me distrajera.
No podía dejar de observarlo.
Me reí por dentro por la ocurrencia.
Debía ser alguien parecido.
Muy parecido.
Además, esta era una iglesia anglicana.
Y había otra cosa fundamental.
Había fallecido hacía varios años.
Por estarlo observando la hoja que me entregaron a la entrada resbaló de mis manos.
Cayó a sus pies.
Hablando español me lo regresó diciendo; "No te distraigas. Pon atención a la misa".
Esto me confundió mas.
Es que reconocí la voz.
Era su voz.
La reverenda Sarah Eynstone, después supe que así se llamaba, estaba finalizando.
Caminó hasta la salida y comenzó a despedirse uno por uno de nosotros.
No eramos mas de cien feligreses.
De todas las nacionalidades.
Le pedí permiso para quedarme con la hoja. Me dijo que si, pero que la escondiera, porque todos iban a querer llevárselo también.
Alcancé al anciano cuando salía por una puerta del lado izquierdo.
Tenía un caminar rápido.
No me decidía a hablarle.
De improviso se detuvo y volteó conmigo.
Acerté a decir;
-"Soy Tony... de México"
-"Karol Jósef de Polonia", me contestó, otra vez con su famosa sonrisa.
Luego prosiguió caminando y se alejó.
Por mi parte me quedé un momento ahí, de pie, sin saber que hacer.
Después me alejé de la catedral, para desde lejos, tratar de volver a ver aquella foto de la segunda guerra.
Esa noche antes de dormir, pensaba en todas las preguntas que hubiera podido hacerle.


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