
En las antípodas
Era de madrugada.A esa misma hora, tres días antes, me anochecía.
Por eso el cansancio que sentía.
Pero me obligué a levantar.
El pie derecho seguía doliendo.
El clima frío y húmedo no lo favorecía para nada.
El agua muy caliente de la regadera alivió un poco, solamente un poco.
Lo suficiente para no cojear cuando bajé a desayunar.
Los croissants estaban muy buenos, la toronja en gajos perfecta y el café humeando como se debe. Bebí dos tazas. Luego fui por un yogurt ligth con fresas.
Cuando salí del vestíbulo el golpe de la temperatura tan baja me hizo recordar el día en que el maestro de cuarto grado nos llevó a la empacadora de camarón. Entramos al cuarto congelador y así se sintió. Solo faltaba el olor.
Caminé diez minutos hasta la estación del tren. No tuve que esperar mucho.
Revisé que fuera un vagón de primera clase, aunque no entendía muy bien en que se diferenciaban de los otros. Yo los encontraba todos iguales.
En la estación Victoria me cambié al “tubo”.
Ocho estaciones y un trasbordo mas adelante salí y casi frente a mí tuve el negocio de renta de motos.
El encargado me llevó hasta la Tiger 955i. De color negro. No tenía los rines de rayos porque era más nueva que la mía. Pero si tenía puños calefactables. Enseñé mi licencia de motociclista y le sacaron una copia junto a la del pasaporte. La muchacha que lo hizo no pronunció ninguna palabra. Estaba llena de pecas. Yo tampoco hablé. Ni cuando le entregué la tarjeta Visa para que hicieran el cargo por los dos días de renta.
Sin el casco la mochila se hizo pequeña. De dentro del casco saqué los calentadores color verde-limón. También unos guantes de seda. Se usan para ponerlos debajo de los normales y aumentar la capacidad térmica. Los míos tienen protecciones de fibra de carbono sobre los nudillos, son de los mejores. Y mi casco es un Schuberth J1. “Si voy a hacer algo, lo quiero hacer bien hecho”, así decía mi padre. Sonreí al recordarlo. “Debes tener aire en la cabeza”, eso diría si me viera ahora. Volví a sonreír.
Luego monté la moto y la encendí. Arrancó rápidamente haciendo ese ruido familiar.
Estaba en una esquina, por eso antes de entrar a la calle pude leer en el piso el sentido de la circulación.
Esperé a que pasara un vehículo y me fui detrás de él.
Seguí un rato todos sus movimientos. Así no erraba al sentido de la circulación.
Al fin lo dejé y me estacioné un momento. Hora de poner el GPS de mi celular y conectar el bluetooth del casco.
Introduje mi destino y me dispuse a partir. No alcancé a hacerlo.
Un policía en una BMW toda garigoleada de colores fosforescentes me señaló.
Ahí me quedé mientras se bajaba y quitaba el casco blanco.
-"Hola".
Dijo.
-"Hola".
Le contesté.
Prosiguió;
-"Es un poco raro lo que le voy a decir, ¿podría acompañarme a ese café?"
Hice una mueca que significaba “Está bien” y me bajé de mi vehículo.
Ahí quedaron las dos motocicletas y nosotros entramos a un CAFFÉ NERO.
El tipo era rubio, poco más alto que yo y algo flaco. Me pareció que lo conocía de antes, pero era la primera vez que visitaba Inglaterra.
Me senté en una de las bancas que daban a la calle y esperé. Pidió dos cafés y extendió uno hacia mí. Era un capuchino.
-"¿Sin azúcar verdad?"
-"Si."
-"Lo tomas cada que llegas por la mañana. Lo compras en un lugar llamado Caffenio que se ve desde el segundo piso de tu ventana".
Ahora si me sorprendí. Comencé a repasar en la memoria los extranjeros que me había tocado conocer. Siguió diciendo;
-"Nunca he estado en México. Pero creo que conozco el lugar donde vives perfectamente. De hecho conozco cada rincón de tu casa, incluyendo la sala que hace poco modificaste para colocar el piano Wing & Sons que compraste en Morelia".
Eso había sucedido hacía apenas dos semanas antes de salir de viaje.
No sabía que decir. Luego dijo:
-"¿Porqué viniste a Londres?"
En lugar de contestarle, dije;
-"Y tú vives en esa casa de dos pisos, con tu madre. Tienes una lámpara de buró que prende con el tacto… ahí lees tus revistas de motocicletas antes de dormir, cuando no te sientas en el sillón verde que está en la sala del frente, en la planta baja y…"
No quise seguir.
-"¿Eres médico verdad?"
-"Si. Y desde hace un par de años me nació esta afición a las motocicletas. He comprado algunas, pero no me sentía a gusto, hasta tener la Tiger".
-"Yo tengo en casa una igual a la que traes ahora, solo que es verde".
-"Como la que tengo allá. Pero dime, ¿por qué nos sucede esto?"
-"Tú eres el médico, yo solo soy un policía de Londres. Explícalo tú".
-"Desde hace dos años, cada que me acuesto, sueño que soy policía. Que vivo en Londres. Que conduzco una moto BMW. Al principio todo era borroso y olvidaba la mayor parte al despertar, al pasar las semanas y luego los meses, el sueño se hizo mas claro. Hasta hacerse casi rutinario. Varias noches he llenado multas. Y la moto… ya me subí en una BMW 1200 de mi amigo Enrique… la supe conducir desde el primer momento, como si la hubiera montado de toda la vida, cuando nunca antes había estado cerca de ninguna. No sé que pasa".
-"Algo igual me sucede desde hace el mismo tiempo. Una noche me sorprendí bebiendo ese capuchino. Me pareció amargo. Luego pude ver que entendía cada vez más a las personas que platican que están enfermas. Hace una semana en la oficina receté unos medicamentos antihipertensivos que antes no sabía que existían. Y estoy convencido de que lo hice bien. Y hace unos pocos días... soñé que venía en esa moto a esta hora… y por eso vine a esperarte. Cuando te vi no tuve dudas y decidí detenerte. Lo que no sabía es que tú has estado viéndome también".
-"Si. Pensaba ir a tu casa y esperar fuera. Yo voy una noche atrasado. Tienes esa ventaja".
-"¡Es cierto!, ¡no lo había pensado!"
-"Por eso me sorprendiste al detenerme. No sabía que eras tú. Cuando te quitaste el casco te quise reconocer, pero es que te ves poco al espejo".
-"Si, solo un momento por las mañanas. No suelo cuidar mucho mi apariencia".
-"Y es el momento en que el sueño no es tan claro".
-"Igual me pasa. El sueño se va haciendo mas firme conforme avanza la noche".
-"Hace cerca de dos semanas me vi… te vi… arrestando a un carterista".
-"¿Lo viste?... quiso correr, pero cuando vio que en la esquina estaban dos compañeros se entregó".
-"Si, fue emocionante. Y me gusta cuando paseas en la moto y llueve… ¿sabes que en mi tierra hace mas bien calor todo el tiempo?"
-"¡Y vaya que hace! No me acostumbro. Despierto empapado de sudor. Menos mal que tu consultorio y el hospital tienen clima artificial todo el tiempo. Ahora que lo pienso, el de tu camioneta ya no está enfriando bien".
-"Algo tiene. La próxima semana la voy a llevar a revisar".
-"Otra cosa ha sucedido. Hace dos días dejé de soñar".
-"Yo igual".
-"No se que pasará".
-"Coincidió con el día que llegué aquí".
-"¿Tiene algo que ver?"
-"Estoy pensando que ahora estamos despiertos y dormidos al mismo tiempo. Debe de estar relacionado con eso".
-"¡Es cierto!"
La idea nos llegó al mismo tiempo. Aunque fui yo él que habló.
-"Cuando yo duermo soy uno contigo, y cuando despierto tú te vuelves parte de mí".
-"¡Eso es!"
-"Y la diferencia de horarios lo hace posible… Londres va ocho horas delante de nosotros… y por eso el sueño tarda en hacerse claro… hasta que coincidimos en que uno ya duerme el otro puede… se incorpora… o lo que sea que sucede".
-"¡Increíble!"
-"¿Y ahora?... ¿qué hacemos?... ¿habrá alguna medicina para esto?"
-"¿Y tú lo preguntas?"
-"¡Nunca oí hablar de algo semejante!"
-"Una vez escuché que alguien decía que todos tenemos un gemelo en otra parte del mundo, pero que por diferentes causas siempre estaríamos impedidos de encontrarnos con él".
-"Pues aquí se rompió la regla".
-"Además no procede. No somos iguales".
-"¡Ajá!, solamente compartimos dos vidas. Yo la tuya cuando duermo y tú la mía cuando lo haces tú".
La plática duró buen rato pero no condujo a nada.
De común acuerdo decidimos no contar nada a nadie y dejar que corriera el tiempo para ver que sucedía.
En el resto del día conocí buena parte de la ciudad escoltado por mi mitad policía. Al día siguiente pidió el día libre y en las dos Tiger recorrimos parte de los caminos del sur de la isla. El mar se encontraba encrespado en Southampton. El clima en el canal ya no podía mantener aislado al continente. El eurotúnel lo impedía.
Tres días después tomé mi vuelo de regreso.
Pasaron varios y no volví a soñar.
Nunca volvió a suceder.
Por Internet me seguí comunicando con Tommy.
Me contaba lo que había hecho y yo le respondía igual.
Hasta que un día ya no lo hicimos mas.
Pero desde entonces paseo en la Tiger cada que puedo.


2 Comments:
Muy bueno, Tony. Siempre se puede sacar algo provechoso de los sueños.
¡Hey!
¡Que gusto colega!
Espero que en todo este tiempo te haya ido bien. Al rato me doy la vuelta por tu sitio. Acaba de fallecer un paciente y estoy esperando a los familiares (hizo muerte súbita en la calle, lo trajo una ambulancia de la Cruz Roja, no hubo oportunidad de nada).
¡Un abrazo!
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