
Un día para mí
Lo observé unos instantes y luego saqué su contenido.
El informe del colega decía que mi hígado tenía cuatro densidades compatibles con neoplasias, posiblemente uno de ellos primario y los otros de metástasis.
Había perdido muchos kilos el último mes.
Y yo solo me había alegrado de que no hubiera piedras...
Ahora entendía.
El período de negación pasó muy rápido.
El de ira no llegó.
Me fui directo al de negociación.
Por eso me vestí rápidamente y salí a la calle.
Entré al restaurante que nunca visitaba.
Ese donde vendían la birria mas sabrosa.
Pedí más tortillas de maíz.
Y más salsa.
Repetí el agua de jamaica.
Luego regresé a la calle, me sentía eufórico.
Ya no sabía en que etapa me encontraba.
¿Tan rápido llegué a la aceptación?
-Buen día Doctor.
Me sorprendió el saludo.
Era una vecina.
Me pareció que por primera vez escuchaba su voz.
Crucé el camellón y llegué a la pequeña plaza.
Las pantorrillas dolían.
"Nada relacionado", recuerdo que pensé.
Me senté en una de las bancas de hierro vaciado y madera blanca.
Los eucaliptos se mecían y una que otra hoja afilada caía.
Un piturrillo voló hasta la orilla de un charco.
Anoche había llovido.
Bebió un poco de agua y de ahí se fue a posar con todo y su pecho amarillo hasta lo más alto de una de las ramas.
Esa rama me recordaba algo.
No podía encontrar qué.
Por encima de ella paseaba una nube gris.
Llegaban a mi mente unas imágenes familiares, cuando en mi rostro golpeó con fuerza una gota fría.
El agua rodó desde la frente hasta el ojo derecho... y luego como una lágrima hasta la boca.
La bebí.
No sabía a nada.
Tal vez un esbozo de sal.
¿De mi sudor?
Luego cayeron más gotas.
No me moví.
"Toc, tip, tap".... el sonido cambiaba según donde cayeran.
Pero cuando se juntaron el sonido también cambió; "Trrrap, trippp"...
Y la sensación de frío en el cuerpo.
La humedad por la espalda corrió a los brazos.
Que curioso, los brazos estaban mas expuestos y sin embargo primero la sentí en la espalda.
-¡Oiga, no se quede ahí!
No supe quien lo dijo.
Era voz de hombre.
De tono grave.
Alguien mayor.
Caminé lentamente hasta el consultorio.
Desde el vestíbulo vi como la lluvia arreciaba.
La secretaria se quedó viendo pero no dijo nada.
Trajo una toalla grande.
No sé como le hace para conseguir cada cosa.
Envuelto en ella me senté.
Me encantaba este sillón con su piel café clara.
No había nadie citado.
Todo el trabajo de los próximos días estaba cancelado.
Conocía la evolución de los próximos días.
La biopsia sería medianamente dolorosa.
Luego la espera.
El patólogo era amigo, pero eso no haría mejor la noticia.
Me levanté y fui hasta la ventana.
Sonó el teléfono pero no quise contestar.
Este día era mío.
Solamente mío.
Este día...
Solo este día.
¡Vaya!... ¡al fin todo un día para mí!
Curiosa la manera como llegó.
Me desplomé sonriendo en mi asiento.
Al mediodía seguía lloviendo.
Y yo seguía en mi lugar.
Sonriendo.


3 Comments:
Y...¿Sigues ahí?
No se...
Lo trascendente nos sitúa en lo esencial?
(muy hermosa la entrada)
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