El Agua Cercada

Afamada Revista de Literatura Heteróclita

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Nombre: Tony

sábado, mayo 07, 2011



El Taxista


Hacía un calor endemoniado.
Ya era el inicio del verano.
Y no sabía que podía morir ese día.
Pero... Es que nadie lo sabe.
Todos creen que ese día no lo es... Pero uno de esos días... Resulta que se equivocan.
Y yo, yo no lo sabía. Pero esto ya lo dije.
Lo que no dije es que lo presentí.
¿Como lo supe?
Fácil... Al salir de casa el perro se me quedó viendo fijo y aulló.
Entendí su despedida.
Ahora lo saben, cuando el perro se les quede viendo fijo y aúlle... Mejor váyanse con cuidado.
Mentalmente repasé como estaba mi vida y decidí que no tenía nada pendiente.
Ni siquiera con mis tarjetas de crédito. Sonreí porque hacía dos meses que solamente pagaba el mínimo.
Y no era por falta de dinero, simplemente no quise pagar mas de eso.
A las dos cuadras me encontré el taxi.
Creí que soñaba.
Con su volante por el lado incorrecto, negro-carroza y perfectamente limpio.
No era de este mundo.
Al menos no del mío.
Me detuve, porque estaba correctamente obstruyendo la calle.
Me bajé.
Había adivinado la intención.
Con todo no perdí la calma... ¡Faltaba mas!
-Disculpe, me parece que no se ha dado cuenta de que su vehículo está mal estacionado.
-Si... Si me he dado cuenta.
¡Hijo de su p...!, y yo tratando de ser correcto.
Y con el "Cuerno de Chivo" bajo el asiento.
-¿Y?... Disculpe mi atrevimiento... ¿Planea hacer algo al respecto?
-¡No!
-¿No?
-¡No!
Repito; ¡Hijo de su p....!
Y pensé. "Y'ora que hago"... "Esto nomas sucede en los sueños... Y solamente en los de mi compadre Jorge".
El tipo permanecía tranquilo. Flemático. Demasiado flemático, aún para ser inglés.
Y su cara me parecía conocida.
Se bajó del funeralotaxi y con un ademán muy estudiado abrió ligeramente el saco, que era también negro (muy arrugado, por cierto).
En su cintura se asomó una automática de nueve milímetros. Acercó lentamente la mano a ella. Eso me hizo gracia.
Será el papá de la cantante aquella... La de los tatuajes (recuerdo que eso pensé).
Pero no, me latía que era otra cosa.
Olores.
Y ruidos.
Sabores.
Y risas.
Muchas risas.
¡Recordé!
-¡Oiga!... ¡No me diga que no le pagamos!
-¡No!... El caballero se introdujo tambaleando a su hotel en Croydon... Creo recordar el Holiday Inn Dowtown, cerca del edificio de la Nestlé... ¡Y no me pagó!
-¡Mil disculpas!... ¿Y cuanto se le debe, si puedo saber?
-Trece libras y dos chelines por esa entrega. Mas el viaje en el barco desde Southampton, el contenedor con mi taxi, los cuatro días de hotel en Veracruz, el pago... Bueno... Una propina a un aduanal de ese mismo puerto y... Gastos hasta aquí... Y los del regreso... La limpieza de mi traje a cuadros que usé hasta ayer mismo... Ya tengo reservado un día extra en esta playa que es muy mencionada... No recuerdo el nombre, pero que es algo así como Puerto Desconocido... Pero esa noche no la cobro.
-Gracias... ¿Puerto Escondido?
-¡Si!... ¡Eso!
-Entonces... El total... ¿Es?
-Un mil setecientas cuarenta y cuatro libras, cuatro chelines y... Los peniques se los perdono.
Reflexioné un momento y recordé esos días en Londres.
Maravillosos días.
Luego dije;
-Permítame extenderle un cheque. Lo voy a hacer en pesos mexicanos, pero fácilmente los podrá convertir a la denominación que usted desee. Y voy a agregarle un diez por ciento de propina por la disculpa. Ese día... digo, esa noche, por culpa de esos Riojas... Muga... ¡Sabrosos!... No sabía donde estaba, ni que hora era.
-No se preocupe el Señor. Adiviné desde que lo vi a la salida del Hotel Savoy, que era una persona respetable.
-¡Por supuesto!
-Gracias por su pago. El Señor tendrá ahora que disculparme, pero tengo que retirarme en este mismo momento. De otra manera mis emolumentos seguirían creciendo y eso ya no es posible, dado que la cuenta está saldada.
-Puede retirarse y la próxima vez que visite su tierra espero volver a ser atendido por usted.
-Será un placer Señor. Ya sabe donde encontrarme.
El taxista londinense arrancó dejando la calle libre.
No sé como le hacía para manejar su vehículo alrevesado por las carreteras de México.
Luego llegué a mi oficina. Ahí tome el teléfono y llamé al funcionario del banco.
Cancelé la cuenta y le ordené que transfiriera el total del dinero.
Hecho esto le pedí a mi secretaria que despejara la agenda y que a quien preguntara por mí, le dijera que estaría fuera por seis meses.
Supuse que eso sería suficiente.
Me quedé pensando.
No cabe la menor duda.
Los ingleses son muy especiales.
El próximo año tengo otro viaje a Londres.
Que no se me olvide evitar el Savoy.