Lo que queda
Hoy amaneció nublado.
Tardé en salir de la cama.
Me retenía el recuerdo de una mañana que hacía frío y de la cocina llegaba la voz atenuada de mi madre.
Y el olor del café.
Llegaron luego otras mañanas.
Las de mis días de estudiante de medicina.
Y de como las olvidé por tanto tiempo.
Y las que desperté en Salamanca solo para dudar de que todo fuera real.
Las que me levantaba para ir primero que nada a ver como dormían mis hijas pequeñas.
Otras en las que algún ruido de los vecinos hacía que me quedara escuchando.
La que sonreí sabiendo que tenía que seguir con la moto por otro día de caminos increíbles.
Las que oscuro aún, me asomé a ver como dormían una hija y su hijo recién nacido.
Y las que me he tardado en incorporarme porque me acompaña un dolorimiento nuevo.
Y las muchas en que no he pensado en nada por salir apresurado a una urgencia.
Han sido muchos despertares.
Muchos buenos.
Y otros que no lo han sido tanto.
Pero han sido muchos.
Y pienso... que tantos amaneceres.
Al final, es lo único que queda.


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