Otra vez dormí allá
Es que llegué a casa –desairando la cena con Pagas-
porque habían prometido que tendría invitados a dormir. Mis nietos Javiercito y Ma. Emilia.
Pero su madre aclaró ahora, que eso sería hasta mañana.
La sala estaba llena de humo del cigarro de las
jugadoras, y la peste llegaba hasta el lavadero.
No me resigné a encerrarme por una o dos horas en la
recámara hasta que el ambiente se despejara.
Así que a despecho de la oscuridad tempranera me
largué a la casa de campo.
Como ya es costumbre pude leer hasta tarde.
Pero también es cierto que mi lectura se ha ido
complicando.
Ahora -en el Cap. 5; "Como la conciencia crea
el orden biológico"- el autor se mete a la genética y describe que luego de acumular cambios sencillos, un último cambio desencadena una mutación
cuántica de la especie. Eso explicaría la ausencia de "eslabones
perdidos". Opina que desde la primera célula con la que se creó la vida,
comienza la conciencia trascendental. Así las cosas, todo apunta a que la
fecundidad y la complejidad, y no la adaptación, es la flecha de la evolución. Es que la conciencia aspira a contemplarse en la complejidad.
Al final Simone Weil va a tener razón, creo que era
ella quien decía que la causalidad no existe, que todo era funcionalidad. Y que la
"causa" primera y última estaba en el futuro y no en el pasado.
Este libro parece dar la razón a que la
conciencia es trascendental en cuanto al espacio-tiempo y por lo
tanto; "Siempre ha estado y siempre estará".
También terminé el libro de los Cuentos Preferidos de Borges...
uno de los últimos es el que más me agradó... es el de O'Henry; "Los
Regalos Perfectos". Sigo siendo un soñador.
No me gustó -por otra parte- el realismo ingrato de
"Bola de Sebo".
Dos veces desperté y dos veces volví a quedar
dormido sin darme cuenta.
Eran casi las seis cuando me levanté.
Todavía estaba oscuro cuando me pareció oír el
pitido de "la fábrica de chocolate". Así le dice Ma. Emilia a la
planta de Alimentos del Fuerte.
Me metí a bañar y cuando salía envuelto en una
toalla grande de las de la alberca fue que lo vi.
Pensé -en un principio- que lo que sostenía una de
las sillas del pasillo era el bulto de ropa sucia, pero me saludó y al reconocer su voz dejé de dudar.
-¿Como has estado?
Eso dijo.
-Biiienn...
Algo así contesté.
-Pasaba por aquí y quise venir a ver como te ha ido.
No supe que decirle de momento.
-Pues bien. Ya ves, aquí estoy.
-Si. Te saliste con la tuya.
-Casi... a ratos. Los nietos no me dejan.
-Creo que te ves mejor. Estaba oyendo que
mientras te bañabas, silbabas. Sigues con esa costumbre de silbar cada que
estás a gusto.
-No me doy cuenta.
-Me tengo que ir. Ya amanece.
-Si. Gracias por venir.
-De nada. Vi que están quedando bien las
máquinas de escribir.
-Al rato voy a ver como va la
Remington portátil. La grande verde está lista, ahí la tengo sobre la mesa
del comedor.
-La vi. Es buen hombre Carlos. Un tiempo fue mi inquilino.
Comenzó a incorporarse con dificultad y luego ya no
estaba.
Entré a la recámara y apagué el calentón tipo
chimenea virtual.
Terminé de secarme con una de las toallas color café
oscuro.
Me vestí sin prisa.
A las siete y treinta fui al Sam's a comprar
botellas de agua para beber, de seiscientos c.c. y pilas "AA" para los
estudios de Holter.
De ahí me dirigí a desayunar a la cafetería del Hospital Fátima.
Toño me contó lo bien que salió la cena
de anoche.
Y como Enrique decía que Luisito... "es un genio de
la medicina".
Intentó rebatirlo sin éxito. Todos necesitamos
dioses que nos protejan, supongo.
Don Mario me comentó que alguien que no recuerda, le dio un recado que tampoco recuerda, pero que estaba seguro que era
para mí.
Llegué de paso a SISTECNO.
-¡Buenos días Don Carlos!
-¡Buenos días Don Carlos!
-Doctor, aquí tengo la maquinita que era de su papá,
ya va quedando. No he podido encontrar quien me la quiera pintar. Se les hace
poca cosa, pero ya veré quien lo pueda hacer. Dios mediante la próxima semana
se la entrego.
-No se preocupe Don Carlos, no tengo prisa. Me
interesa que quede bien. Quiero escribir cuentos en ella. Tengo a alguien que
pienso que pronto comenzará a contarme relatos interesantes.



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