
El carpintero
Esta tarde tendría que haber ido con su hermano, el único que le quedaba, para ayudarlo con la mesa, la única que tenía. Ayer había llevado parte de la herramienta, pero el trabajo bueno sale de repente y no se puede desaprovechar. Además está bien pagado y es sencillo. Es cierto que los barrotes pesan, pero él siempre ha sido fuerte y eso no es un problema serio. Lo es conseguir buena madera, pero estos clientes no se fijan en eso. Se preocupan por la firmeza, por eso sabe que las piezas deben de ajustar perfectamente y no despegarse aunque la carguen con mucho peso. Tampoco examinan lo fino del trabajo. Le hubiera gustado tallar algunos adornos en los extremos, redondearlos con algún bajorrelieve, que supieran que podía hacer algo mas elaborado. Así las personas que acudieran al acto elogiarían su trabajo. Pero le dijeron que se olvidara de eso. Tenían prisa. Aunque no comprendía como alguien podían tenerla en asuntos así.
Por otra parte el dinero les caería muy bien. Sobre todo en esta época. Su mujer querrá comprarse una nueva túnica y dos o tres de esos vasos que vió hace poco en el mercado. Ahora los hacen con nuevos colores, muy vivos, un rojo como la sangre que acaba de salir del cuerpo y un azul oscuro parecido al del cielo en la época de frío. Y sus hijos, ellos van a querer algo también. Para todos habrá. El mismo se compraría unas sandalias nuevas. Se las merece. De siempre ha sido muy trabajador. Y responsable. Por eso no había rechazado esta oportunidad. A pesar de que se lo pideron de un momento para otro. Mas de uno de los de su gremio lo envidiaría, pero tenía su prestigio, seguramente eso debía haberlos decidido a darle el trabajo a él y no a otro.
No olvidaba que se había comprometido con su hermano. Mañana lo contentaría. Le regalaría uno de esos dulces tan caros que traen del sur, hechos con dátiles y hierbas de las que solamente conocen por aquellos lugares. Y un vaso de vino. En uno de los vasos nuevos.
Terminó dos, le faltaba una mas para poder entregar las tres y cobrar. Seguramente le pagarán en dinero contante y sonante. Además no tiene que llevarlas hasta allá arriba. Los soldados se encargarán de eso. Y de colocarlas.
Por un momento se detiene a pensar en el uso que les darán, pero luego justifica; “Es solo un trabajo, si no lo acepto cualquiera otro lo hubiera hecho... y yo no ganaría nada. Además, algo han de haber hecho esos infelices para que los crucifiquen”.


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