En la comisaría
-¿Estaba por terminar el turno?
-Si. El Jefe estaba fuera cuando entró la llamada. Era como cualquier otra; una voz de mujer histérica, chillando y gritando, pero lo que me convenció fue que entre balbuceos mencionara el cuchillo dorado.
Tu sabes que lo único que había quedado en la herida de una de las víctimas era el pequeño fragmento metálico color oro. Era una de las pocas pistas que hasta entonces teníamos del asesino que la prensa bautizó como “Carnicero”. No perdí tiempo, le pedí a Chuck que me acompañara. El llevaba su 38 especial y yo subí la escopeta 12. Encendí la luz del techo y salimos a toda velocidad.
Cuando llegamos la vecina apuntaba temblorosa a una ventana. “Es la tercera vez que la apuñala”, alcanzó a decir. Nos acercamos, el sujeto, del que se podía ver todo el torso posterior desnudo, era como lo habían descrito los testigos: moreno, musculoso y pelo bien recortado. Claramente oí cuando pronunció una frase que me dejó helado; “Muy bien, lograste lo que querías; tu engaño ha acabado con mi vida... Hoy tomo yo la tuya. Muere pues y espera en el otro mundo mi llegada”.
Era una voz terrible, de un bajo profundo y a ella unió la acción, levantó en todo lo alto el brazo derecho en cuya mano sostenía no un cuchillo, sino una daga de hoja curveada tipo Serpa, con brillos dorados muy visibles. Reaccioné rápidamente, tal como nos enseñaron en la academia, levanté la escopeta y disparé. Los perdigones entraron rompiendo el cristal y se alojaron, con excepción de un par de ellos, en el cráneo del individuo. Muy a tiempo, no había alcanzado a descargar el arma sobre su víctima.
Corrimos a la puerta, no estaba cerrada. El tipo, ahora me han dicho que se hacía llamar “Rafaello”, permanecía tirado sobre una alfombra verde, había perdido la oreja izquierda y parte de la cara, su brazo continuaba extendido y la daga mas allá, junto a la pata de una mesa.
Sobre un sofá, recargado en el respaldo, estaba un almohadón con tres rasgaduras bien visibles y a un lado un montón de hojas escritas a máquina. Una de las frases estaba remarcada en amarillo. Empecé a leer; “Muy bien, lograste lo que querías; tu engaño...”.
Al día siguiente un hermano del fallecido y el teatro Metropólitan me demandaron por daños y perjuicios.
-¿Estaba por terminar el turno?
-Si. El Jefe estaba fuera cuando entró la llamada. Era como cualquier otra; una voz de mujer histérica, chillando y gritando, pero lo que me convenció fue que entre balbuceos mencionara el cuchillo dorado.
Tu sabes que lo único que había quedado en la herida de una de las víctimas era el pequeño fragmento metálico color oro. Era una de las pocas pistas que hasta entonces teníamos del asesino que la prensa bautizó como “Carnicero”. No perdí tiempo, le pedí a Chuck que me acompañara. El llevaba su 38 especial y yo subí la escopeta 12. Encendí la luz del techo y salimos a toda velocidad.
Cuando llegamos la vecina apuntaba temblorosa a una ventana. “Es la tercera vez que la apuñala”, alcanzó a decir. Nos acercamos, el sujeto, del que se podía ver todo el torso posterior desnudo, era como lo habían descrito los testigos: moreno, musculoso y pelo bien recortado. Claramente oí cuando pronunció una frase que me dejó helado; “Muy bien, lograste lo que querías; tu engaño ha acabado con mi vida... Hoy tomo yo la tuya. Muere pues y espera en el otro mundo mi llegada”.
Era una voz terrible, de un bajo profundo y a ella unió la acción, levantó en todo lo alto el brazo derecho en cuya mano sostenía no un cuchillo, sino una daga de hoja curveada tipo Serpa, con brillos dorados muy visibles. Reaccioné rápidamente, tal como nos enseñaron en la academia, levanté la escopeta y disparé. Los perdigones entraron rompiendo el cristal y se alojaron, con excepción de un par de ellos, en el cráneo del individuo. Muy a tiempo, no había alcanzado a descargar el arma sobre su víctima.
Corrimos a la puerta, no estaba cerrada. El tipo, ahora me han dicho que se hacía llamar “Rafaello”, permanecía tirado sobre una alfombra verde, había perdido la oreja izquierda y parte de la cara, su brazo continuaba extendido y la daga mas allá, junto a la pata de una mesa.
Sobre un sofá, recargado en el respaldo, estaba un almohadón con tres rasgaduras bien visibles y a un lado un montón de hojas escritas a máquina. Una de las frases estaba remarcada en amarillo. Empecé a leer; “Muy bien, lograste lo que querías; tu engaño...”.
Al día siguiente un hermano del fallecido y el teatro Metropólitan me demandaron por daños y perjuicios.


16 Comments:
jaaaaa!!!! así que andas matando actores?
:)
Deapoco:
Los demás no se dejan.
La culpa es del actor que no avisa que en realidad no está matando. !Estos actores son un peligro! Ya no se contentan con enamorarse, casarse, tener hijos y olvidarse que se enamoraron que se casaron y que tienen hijos para volver a hacer ooooooootra vez todo lo mismo. Ahora se les dió por no avisar que estan actuando...y claro, uno se piensa cualquier cosa.
Un abrazo Tony.
Lord:
Hay quienes se consuelan pensando que el mundo solo es un teatro en el que siempre habrá la manera de corregir los errores en la siguiente función.
Otro abrazo.
Lo curioso es que uno se acostumbra a verlos actuar a todas horas, no culpo al uniformado de la escopeta ¿porque iba uniformado verdad?.
Seguramente las cosas pueden olvidarse con un "señor usted disculpe, nos confundimos" ¡viva México!
Felinita:
"Señor, usted disculpe, nos confundimos... creíamos que era por la democracia".
(Cualquier parecido con la realidad...)
morir y matar para que viva la obra: eso es arte.
Hades:
El arte
¿es solo parte?
o es algo
que si no vives
(como un todo)
¿te mate?.
soy neoplatónica a mi pesar, Tony.
pero seguro que jamás seré una fundamentalista.
contesta eso sus preguntas?
Hades:
Me da gusto saber que el reino (utópico) de la ideas no la ha secuestrado por completo... pero tampoco (está implícito en sus palabras) que lo ha sido por el sensual.
Al final; mitad angeles, mitad demonios.
Un abrazo.
Que buen relato!!! Eso pasa cuando actuamos impulsivamente sin tomarnos tiempo para averiguar las cosas...
Un abrazo
Opalo:
Así es.
Es frecuente que veamos solo lo que las circunstancias quieren que veamos... para evitar esto hay que tratar de ver "mas allá" de lo que "parece ser"... solo así aprehenderemos la realidad real.
Otro abrazo.
Yo también quiero ser neoplatónica, pero no me sale...
Todo sea por el cumplimiento del deber...!
(y por el amor al arte...)
Saludos, Bro!
Ya por fin me dio tiempo de leer lo atrasado :DD
Excelente ese poema "Frío" y muy ingenioso y sorprendente este relato. Es una pena que no haya más tiempo para poder escribir más, leer más, compartir más.
Pero no lo dejes, por favor.
:D
Un gran abrazo
Qué de nombres en estos comentarios :
Deapoco, Lord Marianus y Felinita, Gusgo, Trenzas y Laviga se acercan al Opalo o al Hades !
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