
El cuadro
Esa obra particularmente le afectaba. Cada que la veía no podía pasar de largo, le dedicaba varios minutos, y le parecía, que en cada ocasión encontraba algo nuevo.
La tarde terminaba, la luz rojiza le daba un aspecto sombrío. Examinó la colina y el árbol, le parecía que hoy tenía menos ramas, menos hojas. Ayer descubrió que en la sombra se adivinaba un animal, ya no lo distinguía. Súbitamente algo se movió. Puso atención. Una jovencita caminaba hacia él. Se estremeció. Corría. La cara comenzó a ser familiar. El corazón le palpitaba, un mareo fugaz recorrió su cabeza.
“Es una pintura... esto no puede estar sucediendo”
Ella acercó la cara. No había duda. Eran los mismos ojos, la expresión de siempre. Se reía.
Quiso gritar. No podía. La garganta estaba seca, sus ojos húmedos.
La muchacha se apartó. Detrás apareció un joven. Serio. Siempre había sido así. Luego escuchó su voz, su querida voz y fue cuando recordó el momento. Mas de medio siglo atrás.
“¡Mira!.. ¡el anciano del cuadro está llorando!”


5 Comments:
Hola Doc
Saludos desde Hermosillo.
Hola Feli... tanto tiempo!
Un abrazo.
Sí, tanto tiempo y aquí sigue, en los favoritos.
Cómo está?
Todavía tiene sus borregos o ya los hizo birria, grasosita, colorada y condimentada?
Los vendí por "exceso" de tiempo para atenderlos. Además me he dedicado a mi moto y a viajar en ella (regresé de recorrer la península de California hace tres semanas... Tijuana-La Paz y vía Ferrie a Topolobampo).
Wow!!!
no pues definitivamente eso está mejor que los borregos.
Felicidades!
Publicar un comentario
<< Home