La Frontera
Introducción
La escena televisiva en blanco y negro, había quedado grabada en su memoria de niño una tarde lluviosa. Era un velero de tres palos, recostado, golpeando sobre unas rocas, las velas desgarradas, el timón desprendido, flotando a un lado. Y pensó; es un barco y ya no lo es.
Capítulo I
Negación
Sin darse cuenta había llegado. Dejó el auto estacionado a mitad del estacionamiento. A pesar de la época no había mucha gente. El establecimiento incluso le pareció vacío, tal vez por su enorme tamaño, tal vez por ser mitad de la semana. Escogió un vino australiano. Nunca antes se había decidido a probarlo, esa noche lo haría. Luego se dirigió a la sección de películas y música, quería cerciorarse de las novedades.
Capítulo II
Ira
Pagó en la caja. Regresó al estacionamiento y se quedó de pie junto al automóvil. Permaneció a su lado sin moverse, la bolsa de plástico en la mano izquierda, viendo las nubes grises. Hacía frío.
¿Por qué a el?, ¿porqué en esta época?... ¿por qué ahora?. Buen regalo de navidad le habían obsequiado. ¿Como decírselo a su mujer?... ¿cómo decírselo?. ¿A que hospital tendría que ir?... ¿dolería?. ¡Y con tantos gastos encima!.
Subió a su auto. Pensó; ¿y si me estrello contra el muro del puente?... no, tiene que parecer accidente. ¿Pagará el seguro?... ¿dolerá menos?. ¡Maldición!... ¿quién decide?.
Capítulo III
Negociación
Salió al boulevard y sin reflexionar lo que hacía tomó rumbo a la salida que se dirigía a la costa. Tres semáforos después se dio cuenta del nivel de la gasolina. Se detuvo en la más próxima.
- Lleno por favor.
Revisaba la cartera cuando de reojo notó un movimiento. Subió la vista y creyó reconocerlo. Salía del pequeño supermercado. Cargaba algo en la mano y sonreía.
- ¡Samuel!
- ¡Hey!... ¡hola!
- ¿Qué haces?... ¿qué traes ahí?
- ¡Ja!. Es nieve... hacía tiempo que no la probaba, este es mi sabor preferido; napolitano.
- ¿Nieve?... ¿con este tiempo?
- Siempre es tiempo para darse un gusto.
- El que siempre ha sido raro eres tu y tu gusto por los asuntos extremos.
- Yo no tengo la culpa de que la humanidad sea tan cuadrada.
- No voy a volver a discutir contigo, lo hice bastante cuando compartimos aquel departamento. Nunca pude convencerte de nada, eres un testarudo de marca. ¿Traes en que moverte o te llevo?
- Vine en el bus, llévame.
Dos calles adelante y sin recapacitar entré en el tema.
- ¿Qué opinas de morir?
- ¿Morir de amor?
- No bromees... de morir, de morirse, de irse de este mundo, de dejar de respirar, o como decía el maestro Frank, el de cosmografía, kaput, ¡kaput con todo!. No se, morir es algo tan definitivo, ¿hay algo que pueda aliviar esto?
- ¡Oh!, entiendo... bien, es un tema que a mi no preocupa mucho, ¿sabes?. Tal vez haya quien pierda el sueño pero para mi ese tema está completamente esclarecido.
- ¡Como!... ¿tienes claro el tema?... te felicito, eres el primer ser humano en hacerlo. Te harías rico publicando su solución... ¿porqué no lo haces?... o al menos podrías compartir conmigo tu secreto, mira que estoy pasando por una etapa difícil y estoy decidido a hacer algo.
- ¿Etapa difícil?, ¿te has vuelto filósofo?, ¿te han dicho que estás diabético o algo así?.
- Dejémoslo en algo así, no quisiera hablar de ello. Prefiero que me hables de tu teoría de la muerte... la teoría muy particular de Samuel.
- Es fácil; no la hay.
- ¿No hay?... ¿no hay que?
- La muerte, no hay muerte.
- ¿Entonces todos estamos locos y nos imaginamos que algunos mueren y todos esos que están enterrados en realidad permanecen ahí por la fuerza y tratando de decirnos que todavía viven?... ¿eso dices?
- Nunca se te ha quitado la mañita de ser sarcástico, desde la preparatoria te recuerdo contestando así... bueno, pues no. No significa eso. Quiero decir que no hay muerte porque no hay vida.
- Peor todavía, ahora imagino que existo.
- Ya te acercas a lo que quiero decir. Tu sabes que trabajé en el Instituto de Física de la universidad. Ahí participé en el equipo de trabajo del Ingeniero Montaner, el teórico español en mecánica cuántica que vino invitado un par de años. Un tipo muy listo. Junto con Posadas de matemáticas y Sánchez Vite del Laboratorio de Materiales hicimos una caja de dispersión de probabilidades. Es algo difícil de explicar, pero así rápidamente y sabiendo que tu formación en química te ayudará en algo, te digo que consistía en un instrumento que apoyado en un campo magnético monopolar separaba la emanaciones paralelas de un láser de yodo. Logramos en un tercer intento desdoblarlas y en el quinto disparo fue cuando sucedió el evento que nos sorprendió; la emanación beta colapsó con retraso. La única explicación posible fue el de haber incursionado en otra dimensión... ¿me sigues?.
- Si, con dificultad, pero continúa por favor.
- De ahí a medir el retraso y programarlo fue rápido Lo que siguió me perturbó y ocasionó que me retirara de toda actividad por un buen rato... en la sexta ocasión la emanación llegó alterada.
- ¿Alterada?
- Si. Esto no ha sido dado a conocer oficialmente, pero contenía un parche, una construcción simétrica que aleatoriamente hubiera sido imposible de producir. Tenía que haber sido insertada mientras estaba en otra dimensión. No nos reponíamos de esto cuando se nos ocurrió examinar detenidamente la emanación opuesta, la alfa, que hasta entonces no lo había sido a causa de su baja resolución. También tenía alteraciones. Las introdujimos en el analizador de burbujas probabilísticas del instituto y descubrimos un patrón semejante al de beta., solo que en espejo. Luego llegó Fernando Caso, aquel que comprobó la distorsión intermitente del tiempo en el acelerador franco-suizo y se encerró a platicar con Montaner. Creo que llamaron a Hawking y a cuanta personalidad se les ocurrió. Un día después nos llamaron y nos dieron a conocer su conclusión: el nuestro es un espacio entre dos dimensiones reales, pero que no llega a constituir una de ellas, es solo la frontera, la línea divisoria, un delgado hilo que separa dos mundos que si lo son.
- ¡Cómo!... ¿cómo?, ahora si me perdí... no vivimos en una dimensión... ¿qué no tenemos tres dimensiones?... ¿y el tiempo además?, ¡son cuatro!. ¡Que no hay mundo!... están locos esos científicos y tu con ellos.
- Yo también me puse así al principio. Incluso cuando vi que la conclusión estaba bien cimentada en hechos y en lógica, fue entonces cuando decidí alejarme un tiempo. Quería despejar la mente.
- No entiendo.
- Es que me di cuenta que la realidad no era...
- No. No entiendo. Iniciamos con la muerte y terminamos hablando de que tu y tus amigos comprobaron que el mundo no existe.
- Bueno, aclaro que existe, pero solo como algo virtual, una vibración que se autorganiza y no como una dimensión con voluntad y formas por si misma.
- Sigues en lo mismo, enredándote y enredándome con una jeringonza científica que solo tu entiendes. Muy bien, ahora explícame que tiene que ver eso con el tema inicial.
- ¿No te has dado cuenta?
- No, perdona mi ignorancia, yo suelo... o posiblemente mejor debería decir que solía dedicarme a los químicos, especialmente a las coenzimas. Pero por ahora intento comprender como es que un experimento de... ¿partículas y fuerzas magnéticas?... comprueban que no existe la muerte.
- Bien, te lo pongo así; muchos han sido los que han descrito la dualidad del hombre. Que somos un animal pero uno que razona, un espíritu atrapado en carne, materia que actúa como un transporte provisional, caña frágil pero caña que con su pensamiento abarca el universo... todo esto es ahora aparentemente acertado. Es producto de vivir en medio, en la frontera de dos realidades. En este mundo imperfecto, que no llega a ser una dimensión completa, estamos atrapados provisionalmente y al pasar hacia una de ellas, esas que nos colindan, nos transformamos en cualquiera de dos posibilidades, en espíritu en una y en la otra, algo que no he querido imaginar.
Capítulo IV
Depresión
No acerté que más decir. Samuel no jugaba ahora. Siempre había sido serio. Sus palabras llegaban a mis oídos claramente, pero su impacto, su significado entraba enturbiado. Había un filtro arquetípico que trataba de alejar su comprensión. Lentamente el entendimiento inició su labor. No hay vida real. No hay muerte real. Pero tampoco nada ha valido la pena. Ni los estudios, ni la familia, ni el trabajo, ni nada. Nada.
Capítulo V
Aceptación
Manejé sin pronunciar un buen rato. Mi amigo tampoco dijo ninguna palabra. Sentía algo en la boca del estomago. Nauseas. Detuve el automóvil y me bajé. Samuel me siguió.
- ¿Te sientes bien?
- No se si fuiste tu el culpable o es parte del asunto que me mencionó un médico que visité hoy más temprano. Pero creo que está mas relacionado con lo que has dicho. La cabeza me zumba todavía.
- Si, te entiendo.
- ¿Qué va a pasar?, ¿habrá caos?
- Nada. Todo seguirá igual. Recuerda, el mundo continuará siendo ilógico e inexacto porque existe torpidamente en un lugar donde chocan dos lugares que si son reales. Nosotros, la humanidad, seguiremos siendo mitad animal y mitad espíritu. Mitad razón que intenta ver, y mitad instinto que nos fuerza a seguir soñando. Por eso estamos condenados a continuar siempre tratando de clarificar el camino que nos lleve a una u otra de las dos dimensiones, aun sabiendo que nuestra naturaleza imperfecta nos lo impide.
- Entonces... ¿la muerte?...
- No puedes morir, dejar de ser, si no has existido realmente. Puede que la intuición haya estado en lo correcto y todo esto sea un examen, una prueba. Si te has portado bien toda una supuesta vida, entonces has obtenido tu pasaporte, puedes pasar a la siguiente dimensión y entonces, ahora si, iniciar una existencia verdadera.
Dejé a Samuel cerca de una librería. La plática le había hecho desear leer el libro de la Dra. Kubbler-Ross, ese que trata de los moribundos, y con el que inició una nueva disciplina filosófica. Yo por mi parte enfilé a casa. Hablaría con mi mujer. Reuniría luego a mis hijos. Les explicaría lo que me sucede. Luego los abrazaría. Todo empezaba a cobrar sentido.
Epílogo
Dos meses después apenas recordaba la conversación. Ese día desperté tarde. Sentía cansancio, me recuperaba de la última dosis de quimioterapia. Habían dejado el periódico sobre la silla. Alargué el brazo y lo tomé. En la segunda sección encontré al Dr. Montaner, científico español de renombre que regresaba a casa. Hablaba de sus hallazgos, sugería con lenguaje cuidadoso la posibilidad de concluir deducciones importantes. El entrevistador terminaba reflexionando sobre el calentamiento global, tema de moda y de mayor venta. Luego una sección abundante, la policíaca. El mundo seguía en la frontera, continuaba imperfecto.
Introducción
La escena televisiva en blanco y negro, había quedado grabada en su memoria de niño una tarde lluviosa. Era un velero de tres palos, recostado, golpeando sobre unas rocas, las velas desgarradas, el timón desprendido, flotando a un lado. Y pensó; es un barco y ya no lo es.
Capítulo I
Negación
Sin darse cuenta había llegado. Dejó el auto estacionado a mitad del estacionamiento. A pesar de la época no había mucha gente. El establecimiento incluso le pareció vacío, tal vez por su enorme tamaño, tal vez por ser mitad de la semana. Escogió un vino australiano. Nunca antes se había decidido a probarlo, esa noche lo haría. Luego se dirigió a la sección de películas y música, quería cerciorarse de las novedades.
Capítulo II
Ira
Pagó en la caja. Regresó al estacionamiento y se quedó de pie junto al automóvil. Permaneció a su lado sin moverse, la bolsa de plástico en la mano izquierda, viendo las nubes grises. Hacía frío.
¿Por qué a el?, ¿porqué en esta época?... ¿por qué ahora?. Buen regalo de navidad le habían obsequiado. ¿Como decírselo a su mujer?... ¿cómo decírselo?. ¿A que hospital tendría que ir?... ¿dolería?. ¡Y con tantos gastos encima!.
Subió a su auto. Pensó; ¿y si me estrello contra el muro del puente?... no, tiene que parecer accidente. ¿Pagará el seguro?... ¿dolerá menos?. ¡Maldición!... ¿quién decide?.
Capítulo III
Negociación
Salió al boulevard y sin reflexionar lo que hacía tomó rumbo a la salida que se dirigía a la costa. Tres semáforos después se dio cuenta del nivel de la gasolina. Se detuvo en la más próxima.
- Lleno por favor.
Revisaba la cartera cuando de reojo notó un movimiento. Subió la vista y creyó reconocerlo. Salía del pequeño supermercado. Cargaba algo en la mano y sonreía.
- ¡Samuel!
- ¡Hey!... ¡hola!
- ¿Qué haces?... ¿qué traes ahí?
- ¡Ja!. Es nieve... hacía tiempo que no la probaba, este es mi sabor preferido; napolitano.
- ¿Nieve?... ¿con este tiempo?
- Siempre es tiempo para darse un gusto.
- El que siempre ha sido raro eres tu y tu gusto por los asuntos extremos.
- Yo no tengo la culpa de que la humanidad sea tan cuadrada.
- No voy a volver a discutir contigo, lo hice bastante cuando compartimos aquel departamento. Nunca pude convencerte de nada, eres un testarudo de marca. ¿Traes en que moverte o te llevo?
- Vine en el bus, llévame.
Dos calles adelante y sin recapacitar entré en el tema.
- ¿Qué opinas de morir?
- ¿Morir de amor?
- No bromees... de morir, de morirse, de irse de este mundo, de dejar de respirar, o como decía el maestro Frank, el de cosmografía, kaput, ¡kaput con todo!. No se, morir es algo tan definitivo, ¿hay algo que pueda aliviar esto?
- ¡Oh!, entiendo... bien, es un tema que a mi no preocupa mucho, ¿sabes?. Tal vez haya quien pierda el sueño pero para mi ese tema está completamente esclarecido.
- ¡Como!... ¿tienes claro el tema?... te felicito, eres el primer ser humano en hacerlo. Te harías rico publicando su solución... ¿porqué no lo haces?... o al menos podrías compartir conmigo tu secreto, mira que estoy pasando por una etapa difícil y estoy decidido a hacer algo.
- ¿Etapa difícil?, ¿te has vuelto filósofo?, ¿te han dicho que estás diabético o algo así?.
- Dejémoslo en algo así, no quisiera hablar de ello. Prefiero que me hables de tu teoría de la muerte... la teoría muy particular de Samuel.
- Es fácil; no la hay.
- ¿No hay?... ¿no hay que?
- La muerte, no hay muerte.
- ¿Entonces todos estamos locos y nos imaginamos que algunos mueren y todos esos que están enterrados en realidad permanecen ahí por la fuerza y tratando de decirnos que todavía viven?... ¿eso dices?
- Nunca se te ha quitado la mañita de ser sarcástico, desde la preparatoria te recuerdo contestando así... bueno, pues no. No significa eso. Quiero decir que no hay muerte porque no hay vida.
- Peor todavía, ahora imagino que existo.
- Ya te acercas a lo que quiero decir. Tu sabes que trabajé en el Instituto de Física de la universidad. Ahí participé en el equipo de trabajo del Ingeniero Montaner, el teórico español en mecánica cuántica que vino invitado un par de años. Un tipo muy listo. Junto con Posadas de matemáticas y Sánchez Vite del Laboratorio de Materiales hicimos una caja de dispersión de probabilidades. Es algo difícil de explicar, pero así rápidamente y sabiendo que tu formación en química te ayudará en algo, te digo que consistía en un instrumento que apoyado en un campo magnético monopolar separaba la emanaciones paralelas de un láser de yodo. Logramos en un tercer intento desdoblarlas y en el quinto disparo fue cuando sucedió el evento que nos sorprendió; la emanación beta colapsó con retraso. La única explicación posible fue el de haber incursionado en otra dimensión... ¿me sigues?.
- Si, con dificultad, pero continúa por favor.
- De ahí a medir el retraso y programarlo fue rápido Lo que siguió me perturbó y ocasionó que me retirara de toda actividad por un buen rato... en la sexta ocasión la emanación llegó alterada.
- ¿Alterada?
- Si. Esto no ha sido dado a conocer oficialmente, pero contenía un parche, una construcción simétrica que aleatoriamente hubiera sido imposible de producir. Tenía que haber sido insertada mientras estaba en otra dimensión. No nos reponíamos de esto cuando se nos ocurrió examinar detenidamente la emanación opuesta, la alfa, que hasta entonces no lo había sido a causa de su baja resolución. También tenía alteraciones. Las introdujimos en el analizador de burbujas probabilísticas del instituto y descubrimos un patrón semejante al de beta., solo que en espejo. Luego llegó Fernando Caso, aquel que comprobó la distorsión intermitente del tiempo en el acelerador franco-suizo y se encerró a platicar con Montaner. Creo que llamaron a Hawking y a cuanta personalidad se les ocurrió. Un día después nos llamaron y nos dieron a conocer su conclusión: el nuestro es un espacio entre dos dimensiones reales, pero que no llega a constituir una de ellas, es solo la frontera, la línea divisoria, un delgado hilo que separa dos mundos que si lo son.
- ¡Cómo!... ¿cómo?, ahora si me perdí... no vivimos en una dimensión... ¿qué no tenemos tres dimensiones?... ¿y el tiempo además?, ¡son cuatro!. ¡Que no hay mundo!... están locos esos científicos y tu con ellos.
- Yo también me puse así al principio. Incluso cuando vi que la conclusión estaba bien cimentada en hechos y en lógica, fue entonces cuando decidí alejarme un tiempo. Quería despejar la mente.
- No entiendo.
- Es que me di cuenta que la realidad no era...
- No. No entiendo. Iniciamos con la muerte y terminamos hablando de que tu y tus amigos comprobaron que el mundo no existe.
- Bueno, aclaro que existe, pero solo como algo virtual, una vibración que se autorganiza y no como una dimensión con voluntad y formas por si misma.
- Sigues en lo mismo, enredándote y enredándome con una jeringonza científica que solo tu entiendes. Muy bien, ahora explícame que tiene que ver eso con el tema inicial.
- ¿No te has dado cuenta?
- No, perdona mi ignorancia, yo suelo... o posiblemente mejor debería decir que solía dedicarme a los químicos, especialmente a las coenzimas. Pero por ahora intento comprender como es que un experimento de... ¿partículas y fuerzas magnéticas?... comprueban que no existe la muerte.
- Bien, te lo pongo así; muchos han sido los que han descrito la dualidad del hombre. Que somos un animal pero uno que razona, un espíritu atrapado en carne, materia que actúa como un transporte provisional, caña frágil pero caña que con su pensamiento abarca el universo... todo esto es ahora aparentemente acertado. Es producto de vivir en medio, en la frontera de dos realidades. En este mundo imperfecto, que no llega a ser una dimensión completa, estamos atrapados provisionalmente y al pasar hacia una de ellas, esas que nos colindan, nos transformamos en cualquiera de dos posibilidades, en espíritu en una y en la otra, algo que no he querido imaginar.
Capítulo IV
Depresión
No acerté que más decir. Samuel no jugaba ahora. Siempre había sido serio. Sus palabras llegaban a mis oídos claramente, pero su impacto, su significado entraba enturbiado. Había un filtro arquetípico que trataba de alejar su comprensión. Lentamente el entendimiento inició su labor. No hay vida real. No hay muerte real. Pero tampoco nada ha valido la pena. Ni los estudios, ni la familia, ni el trabajo, ni nada. Nada.
Capítulo V
Aceptación
Manejé sin pronunciar un buen rato. Mi amigo tampoco dijo ninguna palabra. Sentía algo en la boca del estomago. Nauseas. Detuve el automóvil y me bajé. Samuel me siguió.
- ¿Te sientes bien?
- No se si fuiste tu el culpable o es parte del asunto que me mencionó un médico que visité hoy más temprano. Pero creo que está mas relacionado con lo que has dicho. La cabeza me zumba todavía.
- Si, te entiendo.
- ¿Qué va a pasar?, ¿habrá caos?
- Nada. Todo seguirá igual. Recuerda, el mundo continuará siendo ilógico e inexacto porque existe torpidamente en un lugar donde chocan dos lugares que si son reales. Nosotros, la humanidad, seguiremos siendo mitad animal y mitad espíritu. Mitad razón que intenta ver, y mitad instinto que nos fuerza a seguir soñando. Por eso estamos condenados a continuar siempre tratando de clarificar el camino que nos lleve a una u otra de las dos dimensiones, aun sabiendo que nuestra naturaleza imperfecta nos lo impide.
- Entonces... ¿la muerte?...
- No puedes morir, dejar de ser, si no has existido realmente. Puede que la intuición haya estado en lo correcto y todo esto sea un examen, una prueba. Si te has portado bien toda una supuesta vida, entonces has obtenido tu pasaporte, puedes pasar a la siguiente dimensión y entonces, ahora si, iniciar una existencia verdadera.
Dejé a Samuel cerca de una librería. La plática le había hecho desear leer el libro de la Dra. Kubbler-Ross, ese que trata de los moribundos, y con el que inició una nueva disciplina filosófica. Yo por mi parte enfilé a casa. Hablaría con mi mujer. Reuniría luego a mis hijos. Les explicaría lo que me sucede. Luego los abrazaría. Todo empezaba a cobrar sentido.
Epílogo
Dos meses después apenas recordaba la conversación. Ese día desperté tarde. Sentía cansancio, me recuperaba de la última dosis de quimioterapia. Habían dejado el periódico sobre la silla. Alargué el brazo y lo tomé. En la segunda sección encontré al Dr. Montaner, científico español de renombre que regresaba a casa. Hablaba de sus hallazgos, sugería con lenguaje cuidadoso la posibilidad de concluir deducciones importantes. El entrevistador terminaba reflexionando sobre el calentamiento global, tema de moda y de mayor venta. Luego una sección abundante, la policíaca. El mundo seguía en la frontera, continuaba imperfecto.


13 Comments:
'uta tony, te aventaste de verdad. Mis respetos, valió la pena la espera.
La neta,felicidades.
Hola Tony, gracias por la visita. Pase por aqui varias veces y no hubo cambios. Voy a leermelo con calma y fruicion. Las castan~eras empiezan a vender siempre el dia 1 de noviembre hast despues de Reyes, es decir, que ahora estan en pleno apogeo. Que ricas las castan~itas de la Plaza de Los Bandos... me entran ganas!!. Aqui venden unas castan~as chinas, minusculas asadas muy lentamente y dandole vueltas ( mecanicamente ) continuamente.
Me alegro volver a leerte.
Un abrazo Y ya nos felicitaremos en estos dias.
¡Tony...! ¡Qué alegría reencontrarte..! Había perdido tu enlace y por más que tecleé "el agua cercada" ni modo de que aparecieras en el buscador.
Voy sin tiempo, pero quería que supieras que me alegraste el día con tu aparición..!
Luego vuelvo y te comento, y te vuelvo a enlazar, y luego guardo tu dirección en el joyero y así no vuelvo a perderla :DD
Un abrazo fuerte.
Tony: y me hizo acordar a all that jazz,..
me encantó y coincido con que valió la pena esperarte...
Esa historia es tan vívida, que tal parece que la presenciaste; es bueno tenerte de vuelta, y por favor, no te pierdas tanto...
Saludos, Bro!
Hola Tony: Leí tu cuento, pero merecerá una impresión y una lectura más de mi parte. Una vez leí que la muerte es una mentira. Y aún lo sigo creyendo, seguimos viviendo en el corazón de quienes nos recuerdan. Un abrazo y lo mejor para vos.
Hola... gracias a todos.
Tengo problemas con el navegador de mi compu y no me permite abrir "ventanas", así que ahora "respondo" provisional y ¿frugalmente? en un rato libre y en otra máquina. Mañana viene el técnico así que D.m. en pocas horas nuevamente tendré comunicación plena y absoluta (suponiendo que esta exista).
TOny: Te deseo Feliz navidad, a tu familia ( al Muga 2002 ) y atodos los blogueros que pasan por tu rinconcito.
Un abrazo.
( Yo lo hare con una Vin~a Rondan reserva del 98 ). Hasta pronto.
Y suponiendo ( por supuesto) que el DM también exista....
Existió el técnico (ya dudaba) y aparentemente también D.m. (ahora dudo menos) porque arregló todo en un minuto...
Increíble el relato.te felicito
¡Ah, que mal..! ¡Como cuesta entrar a dejar comentarios..!
Bueno, hoy si, por lo menos :)
El cuento me ha encantado y tal como has repartido las etapas, es perfecto.
Las etapas del duelo, de lo incurable, de lo irreversible.
Y el epílogo...
Elizabeth Kubbler-Ross.., magnífica mujer. Tengo casi todos sus libros y me ayudan mucho en mi trabajo. Tanto como me ayudaron en mi enfermedad.
Creo que no nos damos cuenta de lo que significa la vida, hasta que llegamos a saber que el final está cerca. Aunque luego eso no suceda. Pero se toman en cuenta cosas en las que nunca se había pensado.
Te mando un gran abrazo, amigo mío.
TONY:
Aunque ya no me recuerdes, aunque ya no me visites, yo sigo aqui admirando tu trabajo y leyendo entre lineas lo que publicas.
Cariños
Publicar un comentario
<< Home