
La Gente
La primera vez que los vio fue de reojo. Parecía una procesión que caminaba lentamente por la vereda. Por la distancia, solamente alcanzó a vislumbrar que se mezclaban hombres y mujeres de todas las edades. La siguiente vez, pudo distinguir niños, rostros que le parecían conocidos. En las que siguieron superó el escalofrío de haber entendido que la ropa no era de esta época. Fue hasta pasados dos meses cuando se lo mencionó a uno de mis hermanos;
-Veo gente, personas que hace tiempo murieron, caminando allá… en la vereda.
-No veo a nadie.
-¿No me mientes?
-No padre, no hay nadie.
No volvió a hacer comentarios por un tiempo. Un día me lo confesó;
-Hace tiempo que veo gente caminando, frente a mí.
-¿Que dices?
No quise aclararle que mis hermanos ya me habían advertido del asunto.
-Veo personas que conocí hace mucho tiempo. Cruzan caminando por esa vereda, entre los árboles. Pero entiendo que no puede ser… por eso he dejado de comentarlo. Ya casi me había acostumbrado, pero ayer se acercó uno de ellos. Me habló, con voz clara, como te hablo yo a ti ahora. Me dijo que no ha olvidado el compromiso de traerme empanadas de pasta de calabaza, de esas que hacía su mujer y que tanto me gustaban. No le contesté nada, pues aunque entendía todo, no se oía igual a cuando vivía.
-Padre, ¿entiendes lo que te está pasando?.
-Alucinaciones, ¿verdad?. Se que la edad empieza a jugarme malas pasadas.
-Si. Lo más probable. Esta tarde voy a consultar con el médico y mañana te digo lo que aconsejó.
El especialista en neurología habló de insuficiencia vascular cerebral, déficit de oxígeno en la corteza cerebral y más probablemente en el área occipital, el lugar donde se aloja la visión. Es frecuente que por la edad, dijo también, se tengan recuerdos frescos de tiempos lejanos y sin embargo la memoria reciente se pierda. La posibilidad de practicar estudios radiográficos en caso de no responder al tratamiento y de agravarse los síntomas.
Al día siguiente mi hermana que lo cuidaba, comenzó a darle las gotas que se le prescribieron, quince gotas en el jugo de naranja que acostumbra beber con el desayuno por la mañana. Dos semanas más tarde pude regresar a visitarlos. Lo encontré semidormido en su mecedora, bajo la sombra del frente de la entrada. Sonrió cuando advirtió que me encontraba a su lado.
-Hola hijo. ¿Cómo está la familia?
-Bien, gracias. ¿Y tu, como seguiste?.
-Bien, la rodilla ya no duele tanto y el estómago no arde como lo hacía hace tres días.
-¿Y… las visiones?, ¿la gente que veías?
-¿Quién?... ¡ah!, esos… ya no han regresado.
Platicamos un buen rato. Le prometí volver en una semana, acompañado de mi mujer, de los hijos y de la primera de mis nietas. Celebraríamos en grande su cumpleaños, pues ya estaría cerca de llegar al siglo de edad. Entré a la vieja casona a despedirme;
-Me voy. Regreso para la fiesta. Dice que ya no ve gente.
-Si, se le quitó esa manía. Sigue hablando solo, hasta canta a ratos, pero supongo que eso es más difícil de arreglar.
-Yo también lo creo.
-La medicina también logró mejorar su humor. Ha estado más contento. Solamente de una cosa no he podido corregirlo, y es de esa costumbre nueva. Come empanadas de calabaza a todas horas. No se como las consigue. Me canso de estar limpiando las migajas que deja por todos lados.
La primera vez que los vio fue de reojo. Parecía una procesión que caminaba lentamente por la vereda. Por la distancia, solamente alcanzó a vislumbrar que se mezclaban hombres y mujeres de todas las edades. La siguiente vez, pudo distinguir niños, rostros que le parecían conocidos. En las que siguieron superó el escalofrío de haber entendido que la ropa no era de esta época. Fue hasta pasados dos meses cuando se lo mencionó a uno de mis hermanos;
-Veo gente, personas que hace tiempo murieron, caminando allá… en la vereda.
-No veo a nadie.
-¿No me mientes?
-No padre, no hay nadie.
No volvió a hacer comentarios por un tiempo. Un día me lo confesó;
-Hace tiempo que veo gente caminando, frente a mí.
-¿Que dices?
No quise aclararle que mis hermanos ya me habían advertido del asunto.
-Veo personas que conocí hace mucho tiempo. Cruzan caminando por esa vereda, entre los árboles. Pero entiendo que no puede ser… por eso he dejado de comentarlo. Ya casi me había acostumbrado, pero ayer se acercó uno de ellos. Me habló, con voz clara, como te hablo yo a ti ahora. Me dijo que no ha olvidado el compromiso de traerme empanadas de pasta de calabaza, de esas que hacía su mujer y que tanto me gustaban. No le contesté nada, pues aunque entendía todo, no se oía igual a cuando vivía.
-Padre, ¿entiendes lo que te está pasando?.
-Alucinaciones, ¿verdad?. Se que la edad empieza a jugarme malas pasadas.
-Si. Lo más probable. Esta tarde voy a consultar con el médico y mañana te digo lo que aconsejó.
El especialista en neurología habló de insuficiencia vascular cerebral, déficit de oxígeno en la corteza cerebral y más probablemente en el área occipital, el lugar donde se aloja la visión. Es frecuente que por la edad, dijo también, se tengan recuerdos frescos de tiempos lejanos y sin embargo la memoria reciente se pierda. La posibilidad de practicar estudios radiográficos en caso de no responder al tratamiento y de agravarse los síntomas.
Al día siguiente mi hermana que lo cuidaba, comenzó a darle las gotas que se le prescribieron, quince gotas en el jugo de naranja que acostumbra beber con el desayuno por la mañana. Dos semanas más tarde pude regresar a visitarlos. Lo encontré semidormido en su mecedora, bajo la sombra del frente de la entrada. Sonrió cuando advirtió que me encontraba a su lado.
-Hola hijo. ¿Cómo está la familia?
-Bien, gracias. ¿Y tu, como seguiste?.
-Bien, la rodilla ya no duele tanto y el estómago no arde como lo hacía hace tres días.
-¿Y… las visiones?, ¿la gente que veías?
-¿Quién?... ¡ah!, esos… ya no han regresado.
Platicamos un buen rato. Le prometí volver en una semana, acompañado de mi mujer, de los hijos y de la primera de mis nietas. Celebraríamos en grande su cumpleaños, pues ya estaría cerca de llegar al siglo de edad. Entré a la vieja casona a despedirme;
-Me voy. Regreso para la fiesta. Dice que ya no ve gente.
-Si, se le quitó esa manía. Sigue hablando solo, hasta canta a ratos, pero supongo que eso es más difícil de arreglar.
-Yo también lo creo.
-La medicina también logró mejorar su humor. Ha estado más contento. Solamente de una cosa no he podido corregirlo, y es de esa costumbre nueva. Come empanadas de calabaza a todas horas. No se como las consigue. Me canso de estar limpiando las migajas que deja por todos lados.


20 Comments:
Ud. Tony, escribe también que por eso vengo poco. ¿Que puedo decirle un bruto como yo?. Solo felicitarlo.
Razor:
Ud. siempre sera mi Herrazorkomandant.... ¡Un abrazo!.
Me gusta tu estilo narrativo que lleva a leerte hasta el final teniéndote en vilo en cada linea, en cada palabra, en cada punto y en cada coma.
Un placer compartir la misma pasion pro las letras con vos.
Vos sabes..
un abrazo y mi amistad.
Lord:
Lo mismo digo... ¡Muchas gracias!.
Es el encanto de lo inexplicable, y la magia de la buena narrativa.
Un cuento fantástico de los mejores, Tony.
Siempre es grato encontrarte por acá, saludos.
Don Quixote:
Me da gusto recibirlo y permitame decirle que se agradecen esas palabras, especialmente cuando vienen de donde estas vienen.
¡Excelente!
Me encantó, me encantó.
Son de esos textos que cuando se empiezan a leer, se debe seguir la lectura hasta el final.
¡FELICITACIONES!
Wachi:
¡Gracias! (por tus palabras y por tu visita).
Tony! sos un groso Man.
Escribí tu biografía. Yo la compro
Un abrazo grande!
Chairman:
¡Gracias a ti también!... ¡amigo!.
Tus remates me pueden, Tony. Muy bueno.
Laviga:
Me da gusto que te guste... ¡Gracias!.
Chairman:
Entonces... otra vez, ¡gracias!.
Tony
que dulce y triste historia, me habla de soledad y de perder el verdadero sentido del amor incondicional, ese de los padres con los hijos y viceversa. Este amor sin cuestionamientos.
Los padres siempre nos quieren tal cual somos con todo lo que eso implica......nosotros le debemos lo mismo a ellos
Tus relatos son prodigiosos y bellos
Chk:
¡Gracias!... y bienvenido.
Tony, tienes talento especial para salvar las situaciones, para darle un final inesperado a tus relatos, para transportarnos al sitio preciso en donde estás desarrollándo la historia.
Muchas gracias.
No me gustan mucho las empanadas de pasta de calabaza pero me gusta mucho como huelen y sobre todo, me provocan un sabor a hogar, de calidez, de bienestar, de protección tetrageneracional.
¡un abrazo!
Felinita:
¡Gracias!, siempre contento con tus visitas y comentarios.
Chairman:
Es una placa de bronce que dice el nombre completo de "Tony"... y en el renglón inferior, su profesión (algún día haré un "close up").
Y quien dice que vivir de recuerdos... no es vivir realmente o mínimo señal de haber vivido.
Saludos deseándole una semana con espirítu navideño
Nche Tony:
Me cai que no tiene abuela ni comparacion tu forma de escribir. En palabras de Johnny "Jackass" Knoxville: "That's something you can't teach or learn... just be".
Y ahora gracias a ti, por las palabras y los comments. Y si, creeme que me funciono mas "los pollitos" que el raton. Jum. Pero es por una historia que algun dia contare...
Nche Tony. Eres un fregon pues, pa'cabar pronto. Esperamos con ansias tu primer libro. Dice la Ardilla que "hola"...
PD: Siguen descifrando las letritas de aca abajo? A mi me salio "uucojx"... que me suena a algo asi como "tu cojes..." perdon pero asi me sono. Que vulgar, no?
Araceli:
¡Gracias!... iguales deseos.
Bob:
Gracias por tu visita. Saludos a la ardilla y si sale mi libro vas a ser el primero en saberlo.
brrrrrrrrr
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